La casa en sí es ya una obra de arte. Cuando uno se para frente a esta construcción, no necesita mucho esfuerzo para imaginar a una dama que con suntuoso vestuario recorre las escolares en espera de su príncipe azul. Los detalles de sus paredes y techos son tan exquisitos y finos, que el sólo verlos nos remonta a un glorioso pasado, lleno de romanticismo y misterio.

 

La finca fue producto del amor del rico minero Don Manuel Gameros, hacia su prometida Elisa Müller, a quien pensaba regalársela. Sin embargo, cuando la casa fue terminada, la musa inspiradora, con quien ya se había casado, murió; ese mismo año, 1910, estalló la revolución mexicana y la familia Gameros tuvo que huir del país. En 1913 la casa fue intervenida por las fuerzas revolucionarias e hizo las veces, en distintas épocas, de residencia oficial y privada de Venustiano Carranza, así como de cuartel general y despacho de Francisco Villa.

Años más tarde, la calma volvió al país, los descendientes de Don Manuel Gameros regresaron y habitaron la casa. Posteriormente el gobierno adquirió el inmueble y desde entonces sus usos han variado, hasta que en 1954 la Universidad de Chihuahua inició aquí parte de sus actividades docentes, para luego, en 1958 convertirse en museo.

 

Actualmente, después de exitosas restauraciones, la casa luce esplendorosa y sus torreones, esculturas, columnas, bóvedas y pináculos diseñados por el arquitecto colombiano Julio Corredor y tallados en cantera por el maestro Romualdo Gonzáles, muestran en su majestuoso interior, mobiliario y decoración puramente art noveau. Estos objetos son considerados verdaderas joyas de este estilo europeo, pertenecieron a la familia Requena de la Ciudad de México y fueron traídos especialmente para formar parte de la colección permanente del museo.

 

Como parte de esta exposición permanente, se encuentra la Colección Ángeles Oníricos y parte de la Pinacoteca Universitaria, además, hay exposiciones temporales y eventos culturales a lo largo de todo el año.